Cafe Jaime Beriestain

Ni en lo más profundo de mi ser sabía que acabaría cenando en este local, pero la vida da muchas vueltas.

Había quedado con mi amigo Fernando, y otro colega, para cenar en un restaurante peruano de unos 25 euros el cubierto, pero como el colega no podía venir, nos fuimos a cenar a su restaurante sin saber donde nos metíamos ni mucho menos que nos encontraríamos.

Mayúscula la sorpresa que nos encontramos, típico nuevo local de Barcelona dedicado al diseño más espectacular que esta de moda y que esta lleno cada día (no llevan ni dos meses abiertos). Fue entrar por la puerta y saber que menos de 50 euros por cabeza no pagábamos. Este tipo de locales tienen un ambiente que impregna todo que sabes que vas a terminar pagando una parte de la decoración que lógicamente no te vas a comer.. pero ya dentro que íbamos a hacer? disfrutar y después puntuar.

Aquí tenéis la web http://www.beriestain.com/

El local impresionante, para que decir lo contrario, el dueño es interiorista y ha convertido una tienda de muebles, en un café/restaurante. Esta dividido en dos zonas, la parte de la entrada donde se cena y la interior vacía imagino que será para reservas o simplemente para exposición.

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La foto de los baños ya te hacía ver que la cosa saldría por un pico.

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La carita de Fernando mientras miraba la carta.

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La carta sencilla de entender, dos caras, una para la comida y otra para la bebida.

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Comida de todo tipo, desde tapeo, pescados, carnes, arroces, etc… Y una selección de postres inmensa.

Como siempre, hay que probar las patatas bravas del local y que sorpresa al leer el nombre “patatas bravas pijas”, yo no quería usar ese término para definir ningún restaurante porque no me parece que se pueda llegar a entender bien, pero sí el propio restaurante se denomina así… Pues todo queda muy claro.

En esta foto se pueden ver las bravas, tres boles.

1 con cuatro patatas. No es una forma de hablar es una realidad contable y bien sencilla…

2. con salsa de bravas que no tenía nada de bravas.

3. una all i oli sin sabor a “all”

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Después a mí se me antojo probar el wok de verduras ya que lo definían como un plato libre de grasas y la verdad es que podrían haber puesto libre de sabor porque no sabía a nada. Las fotos son de las raciones completas antes de comer, se puede ver la cantidad.

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Después probamos el tartar de atún, nada que decir de la calidad del producto, el atún era de muy buena calidad, pero el plato no tenía ninguna gracia más allá de su calidad. Le falta chispa, alegría y sorpresa.

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Por último pedimos un plato que nos habían recomendado “rissoto de cigalas”. 22 euros la ración.

Sinceramente, el arroz tenía sabor a marisco, ¿a cuál? imposible de adivinar. Era arroz con trozos de cigalas desmigadas al estilo de una escalibada de bacalao. La cantidad para 22 euros era mínima. Y al arroz le faltaba un minuto de cocción y eso que yo soy de comer la pasta al dente, la carne cruda y el arroz durito.

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La bolsita del pan bastante bonita…. Dentro dos “llescas de pan” normal.

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Como nos quedamos con hambre (el camarero nos comentó que nuestro pedido era suficiente) tuvimos que pedir una carne más para acabar el menú y probamos la terrina de cordero….

Con diferencia el mejor de todos los platos, eso sí el puré de patatas que lo acompaña por 4,5 euros es un exageración. La carne recalco estaba espectacular y muy bien cocinada.

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De postre dos copas de cava y dos caprichos para comparar.

Lo mejor (o peor según se mire) es que los postres se compran en una panadería… Todo el escaparate repleto de pasteles y son comprados. Que no me parece mal, pero desmerece el local.

Pastel de limón y merengue.

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Torrijas.

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Ambos buenos, pero sin nada que destacar.

La cena se regó con un augusts merlot – syrah que era el único vino de la carta que no estaba excesivamente subido de precio.

Así lo trajeron….

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Así tuvimos que beberlo, cuál fue mi sorpresa al enterarme que no tienen nevera de vinos y que todos los vinos están calientes, cuando digo calientes digo 22 grados que es la temperatura ambiente del local. Algo que no es concebible en una cena como esta.

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Después de cenar tomamos unos gin – tonics disfrutando de una gran compañía y una mejor conversación, al final tomamos 5 gin tonics. 2 cada uno y uno que se tomó la novia de Fernando.

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La fiesta salió por 171 euros… Y si no es porque los postres hacen tapón salimos con hambre del local lo cuál me parece algo imposible de entender.

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Mientras estaba allí y mucho más escribiendo esta crítica pensaba en las críticas tan horribles que recibíamos en mi local cuando empezamos y quiero ser justo con este local.

Con el tiempo que llevan no lo hacen nada mal a la hora del servicio, había mucho personal, más del necesario, estuvimos atendidos en todo momento y no esperamos por ningún plato. Sólo como pega que no nos dejaron tomar la última copa porque iban a cerrar en 10 minutos y lo tenían todo limpio.

El supuesto responsable del local (que no el dueño que cenó a nuestro lado) fue extremadamente atento y escuchó todas nuestras críticas con paciencia y espíritu crítico. Una pena que no se despidiera al irse, nos hubiera encantado.

Pero en definitiva, un local de moda en Barcelona lleno de los personajes más relevantes de la noche barcelonesa, de qué vivirán cuando habrán otro igual?????

No volveré eso seguro, pero cada uno es libre de probarlo si quiere.

Valoración del restaurante:

Local: muy bonito 9/10

Servicio: aunque muchos camareros se notaba que tenían menos de una semana de experiencia, el supuesto encargado supo solventar la situación y si restamos el final sin copa: 7,5/10

Comida: por lo que vale y calidad precio 5/10.

 

DIBLU

Restaurante en la ciudad de Valencia.

Recomendación y búsqueda de María para probar algo que teníamos pendiente de las últimas visitas.

Primero de todo el local muy fashion, con una decoración muy nueva, todo se veía recién estrenado. Muy iluminado y contaba con un reservado.

Dos peculiaridades del local:

1. Los clientes eran en su mayoría mujeres (varias mesas grandes de mujeres) incluso lo comentamos con la camarera.

2. La acústica era bastante mala la verdad.

La carta sencilla pero completa. Además contaba con un detalle muy andaluz, la idea de la tapa, media ración y ración. Lo cuál es muy útil para probar muchas cosas sin hincharte demasiado.

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Empezamos la cena con dos copitas de cava para seguir con la dinámica del día de tomar cava y la verdad es que estaba bastante bueno para ser un cava de la casa:

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Nada más sentarnos nos pusieron el pan y un para de cuencos con aceite y tomatito la verdad es que es una buena forma de abrir el apetito.

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Empezamos la comida con un par de croquetas de bogavante y un par de croquetas de setas. Tengo una debilidad y un afán de crítica con las croquetas y las bravas de todos los locales porque es algo sencillo que te sirve para evaluar si realmente un sitio es bueno o malo.

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Las croquetas de setas estaban buenísimas, tenían un gusto muy pronunciado de la matería prima y es lo que se busca. Las de bogavante estaban bastante más flojas, aunque la masa, el rebozado y el punto de fritura estaban perfectos.

La media ración de chipirones fue un capricho para probarlos, en su propia tinta, pequeño el plato pero sabroso.

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Después hicimos unos canutitos de puerro que estaban muy buenos, era una especie de rollito de primavera pero vegetal y más ligero.

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Las vieras con virutas de jamón estaban buenísimas y la crema que servía de base era un gran acompañamiento. La verdad es que no era muy fan de las grandes conchas antes, pero últimamente pido siempre ostras, zamburiñas y vieras si tengo la ocasión.

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La tapa de huevo y foei era un deleite con el pan, la textura era muy similar a una parmentier y el sabor no desmerecía en nada el plato.

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Después de acabarnos todos los primeros pensamos en que hacer de segundo, yo siempre que puedo prubo el Steak Tart ya que es uno de mis platos estrella (escribiendo este post me estoy dando cuenta que tengo muchos platos estrellas que siempre pido… ¿será por eso que siempre como tanto?)

Así que decidimos comer dos platos frios de segundo para compartir, el mencionado Steak y un Tataky de atún.

El Steak lo pedímos picante y cuando nos lo trajeron no tenía ni un leve gusto picante así que tuvimos que pedir que nos lo corrigieran. Cuando volvió estuvimos en la mismas, empezaba a saber a algo picantito pero ni de lejos lo que me gusta a mí. Cuando la camarera vino a asegurarse que la segunda corrección era suficiente le dijimos amablemente: “saca el picante y ya lo rectificamos nosotros”. De gusto bueno, las patatas un buen acompañamiento y la línea de tomate aunque no sobraba del todo, no me pega muy bien en el plato.

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El Tataky no estaba tan bueno como el Steak, el lomo era pequeño, y los tomatitos cherry eran tomatios en salmuera porque sino es imposible entender como podía estar salado. No digo que no estuviera bueno, simplemente que no estaba a la altura del otro segundo.

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Aunque empezamos la comida con CAVA, la acabamos con una buena botella de vino de la tierra. Allí donde vayas haz lo que veas! así que aprovechamos para tomar un vino de la zona. No estaba nada mal el BIO y calidad precio muy bien.

 

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La cuenta salió por 70 euros los dos y la verdad es que no me pareció caro.

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Valoración del restaurante:

Local: 7,5 era muy nuevo pero impersonal y la acústica impedía hablar con claridad en algún momento, además nuestra mesa estaba en una zona de paso hacia la cocina con el trajín de camareros.

Comida: 8 la verdad es que todo estaba muy bueno.

Servicio: 7.5 Como estabamos de paso todos los camareros estaban a nuestro alcance, eso hacía que no tuvieramos problemas en pedir nada, pero se notaba que ninguno de ellos era realmente nuestro camarero. No hubo ningún fallo, pero tampoco ningún detalle. Lo único resaltable es la conversación que tuvimos al final con la última camarera que nos sirvió.

 

 

Restaurante TOTO

Una experiencia gastronómica que siempre quise tener con la mejor compañía posible. No fui por ninguna crítica en especial, simplemente porque tenía ganas de conocer el local, ver como trabajan, saber que se puede comer y disfrutar de una cocina abierta hasta tarde. Siendo trabajador de hostelería tantos años siempre he agradecido los locales donde llegas a las 23.00 y no te miran con cara de odio.

El restaurante tiene una mezcla de carta catalana con italiana, sin llegar a ser ninguna de las dos cosas, los platos no aportan una idea definida del local, no sería un sitio para ir cada semana pero sí esta bien vivir la experiencia.

La verdad es que la idea preconcebida que tenía del local se esfumo en unos pocos minutos, había ido hacía casi un año a tomar unas tapas y salí decepcionado, pero creo que todo restaurante cuando abre merece una segunda oportunidad y este día era mágico para dársela.

Tanto el camarero que nos atendió como la relaciones públicas fueron atentos y profesionales. Y las recomendaciones que nos hicieron de comida no defraudaron ni un poco.

Tomamos tres entrantes (recomendados y que no decepcionaron en nada):

– Berenjenas rellenas de burrata.

-Mejillones en salsa de tomate.

-Croquetas.

De segundo: una pizzeta y un rissoto. Entre que ya no teníamos mucha hambre y que no mataban nos dejaron un poco indiferentes. También he de reconocer que no fueron los platos que nos recomendaron.

Postres espectaculares:

La tarta fina de manzana un capricho y el pastel de chocolate un clásico para los golosos del chocolate.

Vino: Todo un espectáculo poder pedir una botella de vino, tienen una carta muy amplia de vinos de todo tipo de denominaciones de origen y de múltiples países. Pero la realidad es que es sobre el papel, en la bodega sólo deben de tener los vinos que más se venden porque 4 de los que pedimos no los pudimos encontrar. Hay que reconocer que el encanto y la preocupación de la relaciones públicas hizo que algo muy molesto se convirtiera en una broma continua entre ella y el chico que llevaba el carrito de Gin Tonics.  Al final apostamos por un caballo ganador. Pago de Carrovejas (D.O Ribera del Duero) eso sí, picadito de precio. Aproximadamente 50 euros la botella.

Las copas que tomamos fueron un Gin Tonic de Bulldog y un mojito, ambas copas realizadas con esmero y de muy buena calidad. El precio correcto para la zona de barcelona que es.

Total de la cuenta: 134 euros (2 pax) Si restamos el capricho del vino y las dos copas se queda en aproximadamente en 70 euros por pareja algo mucho más ajustado. Pero una noche es una noche.

Nos invitaron a chupitos de Black Label y nos ofrecieron otra copa gratis a cada uno, pero tuvimos que rechazarla por la hora que era (casi las 2 cuando salíamos de allí).

Valoración del restaurante:

Local: 8/10. (aunque precioso, las mesas me parecían muy pequeñas)

Servicio: 8/10 (una grata sorpresa la simpatía de cada uno de los trabajadores).

Comida: 7/10 (ningún plato me deslumbro pero tampoco sentí que ninguno estuviera malo).

Web del local:

http://ilovetoto.es/

Fotos del local:

Toto 1 Toto2